España medieval. Sirve usted como Inquisidor, a la sombra del temido Tomás de Torquemada.
Expulse demonios de los poseídos. Queme a los herejes en la hoguera. Absuelva a los inocentes… o condénelos, si la duda roe su fe. Cada decisión errónea le acercará a la ira de la Iglesia… o a la furia de la multitud.

Enfréntese a más de cuarenta demonios, cada uno con su propia astucia y malicia. Lea las señales que dejan tras de sí y elija la oración o reliquia sagrada adecuada… antes de que reclamen su alma.

Juzgue a los herejes. A ojos de la Inquisición, solo existe una sentencia para los culpables: las llamas.
Proteja a los inocentes de acusaciones falsas, muestre misericordia y gracia… o elija la hoguera, si la certeza así lo exige.

Descubra las confesiones más profundas de su rebaño y utilícelas para guiar sus investigaciones.

Fortalezca su monasterio, ascienda en la jerarquía y, algún día, reclame el título de Gran Inquisidor.
¿Misericordia… o fuego?
Su juicio, Inquisidor.
