Sin demoras el comandante Shepard se ganó mi corazón y poco a poco fue desplazando al GTA V en mi consola, porque... no podía dejar de pensar en Mass Effect. No tanto Shepard, sino que toda su tripulación. Verán, Mass Effect no se trata de un protagonista, quizás ni siquiera se trata del conjunto de personajes que veremos ahí o del gran contexto político que se antoja tan complejo y lleno de sorpresas, sino que se trata sobre nosotros, sobre quien tiene el mando o el teclado y mouse en la mano. Mass Effect despliega ante nosotros un mundo de decisiones y de aspectos a considerar tan grande, pero a su vez tan intuitivo, que nos quedamos inmersos, no hay escapatoria. A diferencia de otros títulos como Skyrim, aquí nuestras acciones tienen una implicancia muy palpable en la realidad jugabilística, aquí nuestras acciones pesarán en nuestra conciencia. Nos unimos a una misión espacial que busca salvar a la galaxia, lo cual parece una argumento trillado, pero créanme que no es trillado si a ese viaje lo construimos nosotros. Veremos morir gente, veremos morir compañeros y compañeras, y muchas veces pensando que los pudimos haber salvado (sabiendo además que en muchos casos está en nosotros elegir quién muere y quién no). A diferencia, nuevamente, de títulos como Dragon Age: Inquisition, aquí no nos valdremos de una gran cantidad de notas para poder entender el contexto, ni necesitaremos hablar con todas las personas que nos encontremos para saber qué pasa ante nuestras narices, porque el juego no da respiro, es una realidad que se va construyendo a medida que la vamos jugando. Como debe ser un RPG, al menos para quien escribe estas palabras, nosotros somos artífices de la realidad jugable sabiendo que siempre que hay situaciones que nos excederán, que no somos Superman y que el juego no se trata solo de las acciones de nuestro personaje y que, definitivamente, el transcurso del mundo seguirá sin nosotros, porque el mundo es hostil; no siempre nos saldrán las cosas bien y debemos estar preparados y preparadas.
Acerca del apartado jugable, es necesario ser honesto y decir que en el primer juego tal vez no nos siéntamos tan cómodos y cómodas, esencialmente porque aún hay cosas que pulir. No es malo, pero hoy estamos acostumbrados a shooters con jugabilidades excelentes por lo que quizás siéntamos un sistema un poco tosco... aunque hay que entender que Mass Effect 1 no es un shooter desde lo ortodoxo, no se centra en los disparos porque muchas situaciones, quizás las más importantes, no se resuelvan a los tiros. Tras pasar al Mass Effect 2 veremos que la jugabilidad es mucho mejor y que se incorporan nuevas mecánicas que propician un estilo de juego más frenético que nos mantenga enganchados y enganchadas no desde el diálogo sino desde la tensión que supone pensar en un terreno minado de enemigos. La cantidad de compañeros que podemos tener en este juego es aplaudible y cada uno de ellos y ellas tiene historias detrás que querremos conocer, no nos dejarán indiferentes.
Tal vez el punto flaco de la saga sea Mass Effect 3 porque definitivamente podremos percibir que el juego se va volcando hacia la acción dejando de lado las raíces de RPG que le dieron origen. Mass Effect 3 se antoja mucho más lineal que los demás y personalmente es algo que no me gusta tanto; no me gusta tanto saber a ciencia cierta qué debo hacer para completar una misión y que ésta es necesaria para la anterior y así sucesivamente. Sé que se me podrá decir que al fin y al cabo los juegos de este estilo son eso, misión que se suceden, siempre con una teleología de la narrativa, pero si esto es así, los otros juegos lo disimulan mejor y te dan una ilusión de liberad muy apreciable. Lo más discutible de este juego es su final, claro. Recuerdo el comentario que hacía Muzska en un video, algo como "Oh, no, somos el nuevo Lost" y no sé si es tan así, porque creo que casi cualquier sería despreciable, ya que es un final ante todo, y este es un viaje que nunca se desea terminar.
La mejor saga que he jugado.